lunes, 19 de febrero de 2018

Cookie Disco – El juego de la galletita loca


// septiembre 22nd, 2013 
Antes que nada (y lo que viene no es “nada”, sino mas bien todo lo contrario: Un fucking juego de mover galletitas sobre la mesa!) quiero comentarles a todos ustedes que me he decidido a meterme de lleno en el mundo del diseño de juegos. Quiero ser diseñador de juegos, no solo de mesa y cartas (aunque la mayor parte de mis recursos irán dirigidos en esa dirección por el momento) sino también de PC y otras plataformas digitales. En los próximos meses, años y siglos por venir, iré conformando a golpe de teclado la “crónica” de mi viaje por este maravilloso mundo lleno de mujeres en pollerita, champagne del bueno y cubos de madera coloreados. Muchos.
Obviamente que para ser un buen diseñador (o al menos uno competente) es necesario conocer la mayor cantidad de juegos posible, sin importar la plataforma (analógicos, digitales…) o la categoría (destreza, estratégicos, sociales, de ingenio, etc…). Y es que todos los juegos se componen de mecánicas que se repiten con diferentes matices, y el buen y uso y combinación de las mismas es lo que en última instancia define su calidad. Así que cuantos mas “casos” veamos en los que tal o cual mecánica se desarrolla (lease: diversos juegos), mejores ideas -y soluciones a problemas- se nos ocurrirán. En eso estoy, hace ya un par de años: Testeando todo juego que se me cruce, comprado, hecho en casa, rediseñado, gratuito, pirateado, reversionado, etc, etc y etc… En medio de esta búsqueda incansable por los caminos lúdicos, me topé con un interesante juego de mesa llamadoCookie Disco, cuya variante digital pueden probar en BoardSpace (el sitio web donde se reune la mayor cantidad de juegos de mesa abstractos-combinatorios de toda la interné).
Y por qué se me dió por comentar algo sobre este simplón jueguito, que puede adquirirse en su versión comercial pero que también puede jugarse “analógicamente” abriendo un paquete de galletitas surtidas, asignándoles un valor a cada una de ellas y usando cualquier tipo de ficha (o cereza!) como marcador? Pues porque es uno de los ejemplos mas interesantes de juego que a primera vista es demasiado simple, pero que encierra una complejidad elegante en su interior. No se compara con el Go o el Ajedrez ni de cerca, y es probable que luego de jugar unas cuantas decenas de partidas la estrategia ganadora resulte evidente (aun no he llegado a ese punto), pero así y todo me resultó copante, fiera.
Y como se juega? Las reglas son simples: Existen cinco tipos de galleta: Las de chocolate (que valen 3 puntos), las de coco -creo- (que valen 2), las comunes y corrientes de vainilla que nadie quiere (las cuales obviamente valen 1 solo punto) y las galletitas glaseadas, que son las pertenecientes a cada uno de los jugadores -dos- y que en el juego en cuestión llevan colorante rosa y verde. Se comienza con una disposición de las galletitas como la que puede verse en la foto (aunque otras formas de comenzar el juego también son posibles, siempre y cuando todas las galletitas formen un solo grupo y estén adyacentes entre si):
…y el objetivo del juego es intentar separar las galletas en dos grupos, con la condición de que nuestra glaseada tiene que quedar formando parte del grupo de mayor puntaje (recordemos, las de chocolate valen 3 puntos, las de coco 2…). Si uno de los dos jugadores logra, en un solo movimiento, formar dos grupos y se cumple esa condición, pues se declara ganador y se toma un buen moscato para celebrarlo.
Todo eso está muy bien, claro, pero como se pueden formar dos grupos? Pues moviendo las galletitas, claro. Y como se mueven las muy perras? Con varias restricciones, como corresponde a un animal tan problemático. Cada galleta mueve tantos “casilleros” (en realidad, siempre se tiene que mover una galleta “exterior”, que no esté bloqueada o encerrada por otras, y cada casillero no es otra cosa que los posibles estacionamientos donde la fresca y sana golosina puede reposar) como puntos valga la mas valiosa de las galletas limítrofes, por ejemplo las de chocolate,si lindan con la galletita que queremos mover, nos permite desplazarnos tres “casilleros”, y así por el estilo. Luego de realizar un movimiento, que siempre será “bordeando” el grupo, se coloca la “cereza” sobre ella, y en el próximo turno está totamente prohibido mover no solo esa galletita, sino también todas las del mismo sabor.
Ejemplo:
En este caso no pueden moverse las galletitas de coco (tienen una cereza arriba, ya que han sido movidas en el anterior turno). Tampoco se pueden mover las galletitas-jugador (rosa y verde) por estar “encerradas”. Si queremos mover la galleta de chocolate que se ubica arriba a la izquierda, solo podremos mover un “casillero” (o la colocamos en el vértice inferior izquierdo, entre la de vainilla y la de chocolate, o la hacemos “subir”, depositándola en el espacio que dejan la de glaseado rosa y la de coco) porque está lindando con la rosa (Vale cero puntos, por lo tanto cero movimientos), con la verde (lo mismo) y con la de vainilla (que vale 1 punto-1 movimiento). Es decir que el movimiento de la galletita está condicionado por el puntaje de las limítrofes.
Como no pude encontrar nadie disponible online, tuve que jugar contra un robot (tal como puede verse en varias de las capturas de pantalla). El robot, si nos guiamos por su avatar, es una especie de C3PO pero mas pelotudo aun… y aun así me terminó rompiendo el sherete como cinco veces seguidas, lo que demuestra que no importa cuan maricón sea un robot, siempre va a tener la capacidad de ponerme en ridículo delante de los vecinos.
Estaba esperando que liberen los subtítulos para Breaking Bad, y me decidí a jugar algunas veces mas, para matar el tiempo… con resultados también catastróficos para mi autoestima humana. Pude ganar un partido, al menos, pero me resulta imposible precisar cual fue mi estrategia (a lo mejor estaba volando… Cypress Hill, estoy viendo donde están ustedes!).
En definitiva, un bonito juego, que puede servirnos para impresionar a la concurrencia, si es que sobre la mesa del recinto se puede encontrar un paquete de Variedades recién abierto. No dejen de visitar BoardSpace si lo vuestro son los juegos abstractos de todo tipo y color.
Robot puto, te quedaste con todas las de chocolate y la puta que te parió

Planet Run


// julio 20th, 2013 
Creían que me había muerto? Que fuí abducido por unos marcianos de cuello laaaargo y mirada prominente? No, nada de eso, chavales. Lo que ocurre es que me dejé arrastrar por las caudalosas aguas de la pelotudez humana, y empecé a creer que el dinero, la salud y las buenas costumbres eran mas importantes que los videojuegos y los bloopers de viejas que se ponen en pedo y se rompen la cabeza contra el mostrador. Ahora por suerte estoy retomando el sendero luminoso (no, no ese… No, señor, no vaya a creer!) y dejando atrás los malos tiempos de oscuridad y buen comportamiento cívico.
Hoy les voy a hablar de un juego de mesa. Mejor dicho: Les voy a hablar de un juego de mesa que pueden imprimir, armar y jugar en sus casas de manera cuasi-gratuita (hay que pagar la tinta… o al menos vuestro jefe debe hacerlo, si es que vais a usarle la impresorita, pequeñines!). Pero además de ser “Print&Play” y gratuito, debo decir que se trata de un juego solitario, y ahí se me cayó la mitad del rating (desde la cucaracha me avisan que nos acaba de pasar Julian Weich comiéndose una vela de cera y gritando a lo Pepe Biondi), porque la mayoría de la gente no se atrevería jamás a imprimirse algo y jugarlo en la soledad de su guarida.
Los “board games” solitarios son todo un género en si mismos, pero es cierto que no son para cualquiera. Hay que tener las bolas muy bien puestas para jugar a este tipo de cosas y no dejarse llevar por la Santa Inquisición que nos susurrará al oido: “che… y si te ponés a espiar la vida de los demás en Facebook? Eso es lo que LA GENTE NORMAL HACE”, y entonces uno dice “claro, hay que madurar” y se pone a intentar agradarle a toda una panda de pelotudos que no deberían participar del armado del mundo en primera instancia. No, señores, no se confundan: A pesar de todas las incongruencias que estoy diciendo (y que ni yo comprendo de modo cabal), hoy voy a hablarles de modo anecdótico (pero como llamado de atención hacia un tema mucho mas amplio y suculento) de un juego de mesa solitario interesantísimo, y que además tiene la mejor portada de la historia:
En serio, es perfecta. Minimalista, icónica, que rinde tributo -con esos colores planos- a las portadas de libros de los años 60 o incluso mas atrás. “Planet Run” es un juego de Experimental Playground, en donde encarnamos el papel de un astronauta cuya nave ha quedado varada en un ignoto planeta de la galaxia. Nuestra misión es reparar la mayor cantidad de sectores de nuestra nave (lo que nos dará a su vez mayores posibilidades de éxito en nuestra misión) y, cumplidos los 15 “días” de plazo que tenemos asignados en el juego, intentar huir de ese asqueroso planeta y acercarnos lo mas posible a la Tierra (otro planeta de mierda, pero que al menos tiene chocolate y cannabis… lo que, ahora que lo pienso, lo hace muy groso).
Mientras intentamos reparar nuestro vehículo espacial, nuestro personaje también debe procurarse alimento, y para ello debe aventurarse a cazar los raros bichos que por este chotísimo planeta pululan. Miren nomás las fotos de los bichos a los cuales debemos enfrentarnos:
Y como es la mecánica? Se preguntarán… Pues se trata de un simple juego de “gestión de dados” (así les llamo yo, y creo que en inglés es algo así como “Dice Placement”), esto es: Tirás una cantidad de dados (que puede ir aumentando acorde cumplamos ciertas misiones o “invirtamos” nuestros resultados en alguna mejora o item) y luego los utilizamos para comprar armas, herramientas, obtener recursos de los diferentes sectores del planeta descubiertos -porque no les había dicho, pero este también es un juego de exploración y explotación-, reparar la nave, cazar, etc. A su vez existe el indicador de vida (si nos quedamos sin vida… bueno, ya se sabe lo que suele ocurrir) y el de tiempo o de “turnos”. Cuando se vence el plazo, contamos un dado por cada uno de los sectores de la nave que hayamos podido reparar y los lanzamos… el resultado total se coteja con la tablita inferior et voilá: así de lejos hemos llegado esta vez en nuestro intento por escapar, y ese es nuestro puntaje final que tendremos que batir cual si fuese un record personal.
Que es lo que me gustó de este juego? Bueno, en primer lugar me encanta la estética, tan fiel al estilo de Experimental Playground, y este es uno de los mejores juegos que he probado de este (estos?) diseñador, pero en general me agradan todos en su aspecto estético. El poster-cover de la nave huyendo me sigue pareciendo una de las cosas mas bellas de la vida (muy superior al amor de madre, por ejemplo) y la mecánica, si bien no lo hace merecedor de ningún premio a la originalidad, es funcional y el juego fluye con mucha soltura, siempre presentando situaciones de riesgo en donde hay que tomar decisiones relevantes. El detalle final del pool de dados le aporta un toque mas de dramatismo, ya que aun haciendo todas las cosas bien y reparando todos los sectores de la nave… algo puede salir mal.
La única crítica que le haría es que lamentablemente si los dados nos ayudan al comienzo, los últimos tres o cuatro turnos pueden sentirse como “de sobra”… no le vendría mal a este juego un mecanismo de desastre natural que equilibre las cosas… pero así y todo esas situaciones no se dan muy seguido.
Planet Run: El juego antisocial que Perón creó. Juéguenlo, y cómanse un pato de esos espaciales que les va a hacer muy bien.

You have to win this game (C-64)

12 de febrero 2013
Es un poco raro para mi hacer una reseña de “You have to win this game”. Y digo raro porque realmente no se como encarar esta especie de mezcla bizarra de nostalgia PCera de los 80s con gráficos CGA y sonido de speaker, con todo lo que significa el hecho de poder jugarlo en una Commodore 64, en una brillante conversión… Es como si tuviese que hablar no solo del juego -o no particularmente de el- sino también de las circunstancias que lo rodean y el grado de nerdismo casi “circense” que roza.
Y es que “You have to win this game” salió hace unos meses para PC, constituyéndose en otro intento indie por acariciar la nostalgia de los 8 bits plataformeros (para los neófitos: juegos de saltar sobre plataformas, generalmente bidimensionales de perspectiva lateral) pero aplicándole conceptos modernos, tales como los múltiples checkpoints que eliminan la frustración a la cual este tipo de juegos nos tiene acostumbrados.
Con gran placer (y un poquito de orgullo. Los commodorianos somos cada vez menos, pero la tenemos cada vez mas larga) me entero que salió una versión que corre perfectamente en nuestra queridísima panera… y aquí me tienen, probando este juegazo y divirtiéndome como un niño al ver una vieja caer desde cierta altura. Un juego simple, con gráficos cuatricolores inspirados en la paleta estandar -y horrible, pero a esta altura nostalgiosa como pocas- del CGA. Vale decir que la conversión a la C-64 se realizó perfectamente y en ningún momento puede verse nada raro, ni en fluidez ni en nada.
Claro que tratándose del chip SID, podrían haberle puesto música y de la buena… Pero es entendible, se trata de un port, y el concepto del juego es clarísimo: Sonido de speaker en una fría pantalla de un compatible IBM de los 80s…
El juego es simple: Recorremos todas las habitaciones (no hay scroll) tocando algunas campanillas por el camino (los checkpoints) y recolectando dinero que vendría a ser el objetivo principal del asunto. Enemigos que esquivar y trampas que desactivar nos acechan, y nuestro único recurso es saltar y calcular muy bien los píxeles que nos separan de la muerte. El gameplay es excelente, y la dificultad puede ser elevada en alguna que otra pantalla, pero al tener vidas infinitas que nos dirigen al instante al lugar donde hicimos sonar la última campanilla, no podemos quejarnos sin que nos tilden de niñas. Por otra parte algunas pantallas tienen “puzzles” que nos llevarán un par de muertes resolver, pero en aquellos tiempos la gente acostumbraba morirse seguido, por eso los juegos eran mas difíciles.
You have to win this game tiene algo que siempre me gustó de los juegos de plataformas sin scroll lateral: Cada pantalla tiene un título, a veces orientativo, en otras ocasiones alegórico y hasta poético. Al igual que Jet Set Willy (del cual hablaré un día de estos, cuando me levante de buen humor y no me toquen timbre los Testigos de Jehová ni los cuñados)  y el ya comentado VVVVVV (que, curiosamente, también es un juego que rinde culto al pasado y que luego tuvo un port para C-64), cada pantalla tiene personalidad y uno termina encariñándose con cada una de ellas, aunque se trate de una simple zona de transición-pasillo.
Los gráficos, a pesar de la paleta chota que usa, son muy buenos, totalmente “legibles” y con una fluidez envidiable. Se nota la mano de los coders aquí, porque no es fácil hacer lo que hicieron y con la precisión que lograron. Los controles son suaves como la voz de Samba Quipildor, respondiendo perfectamente a nuestros designios (y sin que podamos echarle la culpa de nuestra desgracia).
Si, puse muchas capturas de pantalla para que vean que efectivamente lo jugué. Y tienen derecho a dudar, mis queridas palometitas, ya que me he estado tirando a chanta ultimamente, escribiendo poco y nada e hiriendo los sentimientos de la gente que, en manada, se asoma por la ventana de internet y dice “upa, este pelotudo se debe estar manoseando”. Cuanta razón tenía ud. Señora! Pero esos tiempos han cambiado, porque ahora ya no hago mas nada de aquello.

Battle Line (versión p&p) – Un clásico de Knizia, fácil y complejo


// febrero 9th, 2013
En todos los mundos que existen en esto que llamamos “realidad” (como dijo el poeta: Hay otros mundos, pero están en este) pueden encontrarse personajes alrededor de los cuales giran los flashes, las cámaras, las chicas en pelotas y algún que otro gordo con camisa hawaiana. Son las famosas “Rock Stars”, y no solo se manifiestan en mundillos que estén relacionados con la música o el espectáculo… Están por todas partes, y en mi opinión personal, son beneficiosas.
John Romero era el Rock Star del mundo de los videojuegos allá por mediados de los jodones años 90… El tipo diseñó los mejores niveles del DooM y solo por eso ya se merece que tooooodos los lectores de Epimundo.com (inclusive las señoritas que compran hornos eléctricos y consumen golosinas) le bailemos en ronda mientras nos tomamos de la mano y cantamos el Himno de Monrovia. Luego hizo Daikatana y todo se fué a la mierda, claro… Pero este tipo de figuras son necesarias para atraer público, para demostrarle al pueblo soberano que SE PUEDE ganar unos mangos -e incluso forrarse de guita- laburando de lo que a uno le gusta y en lineas generales para darle dinamismo al hobbie o lo que se pretenda propagar.
Bueno, en el mundo de los juegos de mesa existen varios personajes “importantes”… pero Rock Star como Reiner Knizia, difícil que haya otro. El tipo tiene sus detractores ya que como diseñador es uno de los máximos exponentes del “estilo alemán” (EuroGames, en definitiva: Poca confrontación directa entre los jugadores, predominio de las mecánicas por sobre el tema, escasa -o al menos acotada- duración de las partidas, el azar como “aleatoriedad” antes que como “pura suerte”, etc.), pero aun así ha ostentado el trono de Ídolo durante mas de una década, y eso no es moco´e pavo, ahijuna.
Y hoy les quiero hablar de un clásico juego de cartas que el gran Reiner (del cual, confieso, me considero admirador aunque aun me falta jugar a fondo varios de sus juegos) nos legó allá por el año 2000 y yo vengo a conocer recién ahora (y encima en un par de versiones Print & Play, porque además de ser mas baratas son mas bonitas). Su nombre es Battle Line, y su mecánica es tan simple que, confieso, cuando leí el manual por primera vez pensé que me encontraba frente a un juego clásico de cartas al estilo “Canasta” con algunos toques de control de territorio, y no me pareció gran cosa… Pero cuando lo probamos con mi mujer y compañera en este vicio que son los juegos de mesa, notamos que en este juego podía haber algo interesante, mas allá de lo que en plena superficie puede verse si no se presta demasiada atención.
El juego tiene “tema”, pero es tan difuso que se presta demasiado al rediseño (lo cual en un juego de cartas de esta índole me parece mas un acierto que una falta), así que luego de haberme impreso y ensobrado una versión mas similar al diseño gráfico original (guerra en la Edad Antigua, griegos, romanos, y cosas) me decidí por otro rediseño MUCHO MAS GROSO (y mas completo, ya que al primero le faltaba un color… por suerte pude aprovechar las cartas para darles firmeza a las otras al colocar ambas en los folios) que es el que pueden ver en la 1ra y 3ra foto de este post -No se preocupen, al final de todo está el link para descargarlo-. Que colores, y que bien queda este juego desplegado sobre la mesa, jo´er!!
Y de que va la cosa? Bueno, la mecánica es muy simple: En el centro de la mesa se colocan nueve “banderas” (en las fotos están representadas con gemas naranjas) y a cada jugador (siempre son dos) se le reparten siete cartas de un mazo de 60 compuesto por números del 1 al 10 y seis colores. El objetivo del juego es “reclamar” las banderas jugando combinaciones de cartas en cada una de ellas y confiando en que van a superar a las combinaciones creadas por nuestro rival “de el otro lado de la banderola”. Los juegos que pueden hacerse se componen de tres cartas, y a excepción de ese pequeño detalle se asemejan mucho en variedad y ranking a los del poker:
-Escalera de Color
-Tres del mismo número
-Tres del mismo color
-Escalera
-Nada (en este último, y en caso de empate con el juego del rival, las cartas mas altas ganan)
Cada juego le gana a todos los que lo preceden (Escalera de color le gana a cualquier otro juego que no sea efectivamente otra escalera de color compuesta por cartas de mayor rango). Las cartas se van jugando por turnos y de a una, no pudiendo quitar de la mesa las cartas que ya han sido jugadas…. Excepto por obra y gracia de unas cartas especiales (encontradas en otro mazo mucho menos numeroso) que cada jugador puede robar y utilizar  a gusto y piaccere (para que el juego no se desmadre y se convierta en un festival de cartas “especiales” que hacen efectos locos, existe dentro del juego la regla que impide a cada jugador usar una cantidad mayor de estas wild cards a las ya jugadas por el contrincante + 1. O sea que si mi rival ya jugó una, yo puedo jugar dos, no mas) y que tienen superpoderes tales como actuar de comodín, eliminar una carta del rival, etc… Cool stuff.
Gana el jugador que pueda reclamar cinco banderas o tres consecutivas (abriendo de este modo una “brecha” en las lineas enemigas… si, algo de narrativa tiene el juego, no sean forros!) y la reclamación se hace cuando el jugador puede probar que ya es imposible formar un juego mejor que el ya jugado (por ejemplo, si ya las cartas necesarias para que el rival le gane han sido jugadas en la mesa, solo que en otras banderas o bandos).
Por qué me gusta tanto el Battle Line? Porque es elegante, rápido, dinámico y si bien depende un poco del azar ya que las cartas se van robando de un mazo a ciegas y es necesario tener cartas altas para poder disputar algunos juegos reñidos, también deja muchísimo espacio al cálculo de probabilidades y hasta al bluff (mi rival robó una carta especial, pero todavía no la usa… Será la Niebla que anula el juego que se disputa en esa bandera y solo toma en cuenta los valores de las cartas?). Tiene la suficiente complejidad como para requerir varias sesiones hasta disfrutarlo enteramente, y las reglas son simplísimas. La duración de las partidas no llega a la media hora y siempre es tentador jugar “uno mas” para desempatar.

Sopa de letras: Mi contribución al mundo de la búsqueda de palabras

Las “sopas de letras” (o “Word search puzzles”, en inglés) son juegos en los cuales, dentro de una maraña de caracteres sin aparente sentido ni patrón reconocible, se necesita localizar y marcar palabras.
Estas pueden leerse horizontal, vertical y diagonálmente, y a su vez pueden requerir una lectura “al revés” de la lógica (es decir: de derecha a izquierda, o de abajo pa´rriba). Generalmente las palabras a buscar ya se conocen de antemano, y forman algún tipo de grupo reconocible (Ej: Nombres de ciudades, utensilios de cocina, etc.)
Es un juego muy viejo y clásico, como todos ustedes sabrán. Las sopas de letras aparecieron en casi todo tipo de publicación impresa. Diarios, revistas, folletos y panfletos las han alojado (o al menos eso quiero creer… y como es mi blog y yo soy su dueño absoluto, no deben contradecirme o prepare to die). Si bien yo no soy un fanático de este tipo de cosas, me gustan los retos y el aspecto creativo que pueda haber detrás de la confección de cualquier juego, así que me decidí a construir una serie de 3 Sopas de letras bastante extensas y complicadas, para que el pueblo se divierta.
Lo primero que hice fué fijar el tema. Es importante que las palabras a buscar tengan algo en común. Pero como la lista que me dispuse a escribir iba a contener casi 400 palabras, pués el “tema” tenía que ser muy vago… Y así fué: Las palabras comparten una sola característica… Tienen 8 letras o mas. Es decir que son palabras largas, y esa es la característica de esta serie de sopas de letras: Palabras largas y muchas.
Planilla de Excel en mano, empecé por la A hasta agotar mi imaginación… Luego seguí por la letra B, y así sucesivamente. Cuando mi cerebro dijo basta (allá por la letra Z, por suerte) las mezclé aleatoriamente y ayudado por esta hermosa página pruduje estos tres extensos puzzles, de mas o menos 130 palabras cada uno, y 50×50 letras la cuadrilla:

Sopa de letras 1



Sopa de letras 2

Sopa de letras 3
(Click en cada imagen para agrandar, imprimir, resolver y encuadernar)
Se la bancan, no? Fueron pensados para que Lili los resuelva (si, mi novia amante de los puzzles) pero creo que valía la pena compartirlos con el mundo friki. Saludos cordiales, y si se disponen a resolver alguno, favor de chiflarme por mail o por aquí mismo. Sería una pequeña caricia a mi alma atormentada y ociosa.

Tablero Arcade casero - Jugando al M.A.M.E. como todo un hombre

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El 2016 se viene con todo, y en Epimundo queremos recuperar el tiempo perdido inutilmente en nimiedades como el trabajo, la familia, el amor, etc. Así que para este año nuevo que comienza, prometo mas posteos, mas fotos de alimentación escabrosa, mas reseñas de videojuegos del pasado y, como no, mas Sorpresas como las que les tengo preparada el día de hoy, chicuelos!
Así es: Si usted es una de esas personas que empiezan leyendo el título del post y luego avanzan presurosamente a saborear el jugoso cuerpo, ya comprenderán de que va la cosa. Un día me levanté, me miré al espejo y me dije: “Epifanio, eres un pelotudo. Sigues jugando al Donpachi, al King of Fighters e incluso al Pac-Manía, pero lo haces como los niños, con un joypad de la X-box, con el teclado, con el Wiimote, con una medialuna conectada al acelerómetro, etc… Cuando vas a tener un Joystick ARCADE? Con robustos componentes, para que puedas golpearlo impunemente y revivir la experiencia como manda la nueva Ley de Medios?”. No lento ni perezoso busqué un buen tutorial en internet (Gracias, buen hombre!) y me dispuse a comprar los materiales:
Panel de madera de pino (compré uno de 2,40 x 1,20 y me sobró para hacer un par de mesas y otras cositas… es realmente muy poco lo que se requiere para el tablero) de 18mm de ancho.
Barniz-Laca-Color (de la marca Settol, en este caso)
Pincelito – Rodillo
Lija finita, para que no nos vibren las manos al jugar y la superficie quede lisa y brillosa.
Broca para agujerear la madera (todos los buraccos son del mismo tamaño, estandar para los botones y las palancas, creo que 19mm)
Kit M.A.M.E. que contiene todos los componentes (Dos palancas, 18 botones, cablerío y plaqueta USB). Eso lo conseguí en MercadoLibre.com
Cable USB para impresora
Tornillos y “L”s para sujetar los distintos cortes de madera. Cantidad necesaria (como la sal)
Aparte de ello, necesité destornilladores (claro…) una caladora de madera y una agujereadora manual para utilizar con la broca (que es algo así como una paletita filosa, que al girar va carcomiendo la madera y liberando el paso, amablemente, con un ruido ensordecedor y un aroma a chocolate en el ambiente).
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Luego de imprimir los moldes que aparecen en el post-tutorial (debe haber otros en internet, pero me gustó la onda de este sujeto llamado “Jesús”. Yo creo que deberíamos TODOS darle bastante bola, no al personaje bíblico, ya que eso es cuestión de cada uno, sino al creador de los moldes para hacer este tablero arcade que me ha convertido en un niño muy feliz. El sabe lo que hace y El nos Ama), cortar la madera, armar la “caja” y pasarle un par de capas de ese maravilloso líquido que convierte a la madera en algo mas copado e inmune a los derrames de cerveza, llegó el momento mas emocionante de todo el proceso: Colocar botoncitos, palancas y enchufar todo a la plaqueta USB.
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Como pueden ver en las fotos que acompañan el post, el proceso no llega a ser del todo enquilombado, al menos hasta que llega el momento del cableado. Yo no tengo problemas porque soy electricista y me la aguanto, pero de todos modos conviene hacerlo con tranquilidad y dulzura. Basta con recordar que cada botón (y cada “dirección” del joystick) lleva un microswitch, y que cada microswitch tiene conectados dos cables: Uno el común o “ground” (tierra, para los amigos) y el otro que lleva voltaje de cada uno de los bornes de la placa USB.
También puede verse que el libro “TODO MAFALDA” es un excelente soporte para la realización de este tipo de tareas.
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Ahí vemos el despelote de cables. Hermoso, no?
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Le metí un poco de cinta aisladora porque se me hacía bonito. De todos modos no hay que preocuparse por ello: Siempre y cuando no entorpezcan el libre funcionamiento de la palanca de mando, eso va todo escondido bajo las profundidades mismas de la madera, y nosotros, simples jugadores de jueguitos, ni nos enteramos.
Quiero decirles que toda esta experiencia la viví con total sensualidad y autoconocimiento de mi cuerpo. Es algo increíblemente estimulante eso de conectar cientos de cables mientras imaginás las chanchadas que podrías hacer con todo eso… Darnos vuelta el Sunset Riders, por ejemplo. O jugar al 1945 Strikers mientras esquivamos balas a lo champión, golpeando levemente la palanca con la palma de la mano… Yo no se como podía vivir sin esto, la verdad.
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Esta es la responsable de nuestras mas perversas fantasías. Una simple placa USB, la cual es detectada por nuestra PC como un clásico “Joystick Dual”. Así de simple. No olvidemos que este no es un mando analógico, es el clásico de los arcade y por ende solo tiene 4 posiciones (arriba-abajo-izquierda-derecha, ya se sabe) que actúan como conmutadores o botones, así que el funcionamiento es muy simple y tetectable por cualquier sistema operativo que se banque un uesebé.
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Solo quedaba conectar el cable de la placa a la PC, abrir algún juego de navecitas y darle duro. Ahí pueden ver una foto de Mi Tablero Arcade, dispuesto a recibir una serie de puñetazos mientras nos damos vuelta el Battle Bakraid o alguno de esos de navecitas y de gambetear confites.
Por si no se dieron cuenta, los botones amarillos están para “meterle coins”, mientras que los blancos con hombrecito son los “start”. Aunque si no hubieran dado cuenta de ello, no estarían aquí leyendo estoen primera instancia, no? Señores y señoras que saben lo que quieren, van y lo encuentran.
Para finalizar, me despido con la promesa de una catarata de reseñas de Beat´em ups noventosos, y con la firme convicción de haberles transmitido, o al menos de haberlo intentado con todas mis fuerzas, la efímera alegría que se desprende de pegarle unas buenas trompadas a un botón de color rojo, mientras esquivamos luces con la mirada.
Post dedicado a todos los que estuvieron involucrados en la construcción de este dispositivo de felicidad hogareña (Ustedes saben quienes son). Y a todos los que me conocen…

Mi hornito eléctrico Top House... y que Mr. T se vaya a cagar!

Imagino que muchos de ustedes están familiarizados con los productos tipo Sprayette, verdad? Horas y horas de interminable publicidad (a veces divertida de ver, hay que admitirlo… y mas aun si nos encontramos bajo los efectos de alguna droga psicotrópica). Publicidades de aspiradoras mágicas, grills de George Foreman (si… con esa INCREIBLE publicidad de los dos muertos de hambre argentinos, y la banana con las dos bochas de helado……. bueno, si lo vieron se darán cuenta de la guarangada de la que les hablo) y otras yerbas.
Uno de esos productos se llama “FlavorWave Oven”, y es un hornito que cocina con luz halógena, y hace girar el calor, y etceteras… la verdad es que el producto es interesante, para que negarlo. Pero había algo que me hacía ruido, desde el primer momento en que lo ví: Mister T y la otra mina, bardeando a todos los demás métodos de cocción, cual si fueran mierda de mono…
hornito electrico

“Pobre de la gente que debe hacer una parrillada en un día de frío”. La puta que te parió, roñosa, no debe haber nada mas hermoso que calzarse una camperita y prender el carbón, mientras el vientito ayuda a encenderlo. Estos yankis están enfermos a veces.
“Olvídese de la barbacoa, los hornos comunes y los hornos tostadores!”… y ahí me di cuenta que con “horno tostador” se referían a los hornitos eléctricos. Y mi indignación pasó a bronca, y mi bronca a furia, y mi furia a lujuria asesina: Se estaban metiendo con algo que amo. PUTOS.
Estoy escribiendo de un modo agresivo, pero es que por mas que intento calmarme, no lo logro. Yo creo que el FlavorWave, Mister T y toda la troupe tienen derecho a decir y hacer lo que quieran, pero no a meterse con otras maneras de vivir la vida (mas baratas… y tal vez mejores, o al menos con puntos positivos que se eliminarían “gracias” a la vida “moderna”.
Yo tengo un hornito eléctrico, marca Top House (simple… un hornito común y corriente), y es UNA MASA. No encuentro palabras para describir correctamente cuantos culos patéa este horno, pero creanme: Son muchos.
horno electrico tophouseEl mecanismo es simple: Tiene dos velas infrarrojas (al estilo estufa eléctrica) arriba y abajo, y además de la temperatura regulable, también podemos regular por donde queremos que venga el calor, si por ambos flancos, o solo de alguno.
Esto es genial, claro, porque podemos cocinar parejo haciendo que el calor venga desde arriba y abajo, pero también podemos dorar el morfi usando solo el infrarrojo de arriba y, atenti a esto: podemos darle calor solo de abajo y evaporar los jugos molestos que a veces hacen que la carne salga hervida.
La temperatura asciende a 250 grados, pero para mi son mas… para mi son 1000 grados o algo así, no olvidemos que este horno tiene superpoderes. La costra que se le forma a la carne solo puede ser lograda con temperaturas de fundición de metal. Y por qué no se derrite el horno, entonces? Porque está hecho de kriptonita, obvio. Y también es water proof.
el mejor horno del mundo
Tiene temporizador, como corresponde. Y tiene SPIEDO. Si, se le puede poner una varillita que va girando, y ahí va un pollo, o un cacho de carne, y va rotando… tiene todo, exactamente amigos.
Este horno lo compró mi viejo. Recuerdo cuando me dijo “tengo ganas de comprar un hornito eléctrico”, yo pensé “para que mierda? Tenemos un horno grande, a gas, que cocina pizzas…”. BOLUDO. FUÍ UN BOLUDO. Este hornito me hizo odiar los hornos comunes, con su calor desparejo, su poca onda y su falta total de bronceado correcto de las carnes. No digo que no haya hornos a gas copados (debe haber algunos geniales), pero yo no los tengo, y este blog habla de mi… y este año cumplí años, así que si no les gusta, váyanse a algún otro blog que recopile cosas que salen por internet.
Sigan mi consejo (yo nunca los he defraudado): Compren un hornito de estos, baratos… Top House, como el de la foto, está probado en humanos y perros de raza Terrier. No se arrepentirán. Con este horno TU TIENES EL CONTROL DE TU COMIDA.
“Siento lástima de aquellos que no tienen el FlavorWave…” Callate, pelotuda.